Desde Rota, el vendaval poético de emociones de Javier Gallego Dueñas

26.03.2019

Las Gramáticas del Tiempo es el magnífico libro de poemas de Javier Gallego Dueñas,  de Rota, brillante doctor en Sociología, profesor de Secundaria y un hombre tranquilo solo en apariencia, pues la suya es del tipo de poesía que como un seísmo, sacude, remueve, conmueve. Todo un vendaval poético que alza su voz en este estreno editorial dentro de nuestra Colección Helena.

 


Pero es amplísima su trayectoria. Y merece la pena conocer de cerca a un poeta que va a dejar huella honda entre nosotros.  En palabras de Marina Casado: "No es Gallego un poeta que contemple sus propios versos desde la distancia, como la superficie de un mar tranquilo y sosegado presentido desde la orilla. No; entre las olas de palabras, metáforas y luces, nada el poeta. Se ahoga el poeta. Es esta implicación, este compromiso, lo que también compromete o absorbe al lector, que hace suyas las experiencias".

A continuación, unas breves píldoras de vida, para acercarnos a su persona, como acostumbramos a hacer con los autores que son de nuestra familia en Takara Editorial.

Como siempre, la primera pregunta nos lleva a descubrir al autor, desde el concepto que él tiene de sí mismo, así que,  ¿quién eres, cómo te defines?  Preséntanos a Javier Gallego,

No sé quién es Javier Gallego. Quizás lo más acertado sería definirme como un maestro liendre, que de todo sabe y de nada entiende. Soy una especie de fingidor que de vez en cuando habla de historia, educación, sociología como si supiera de qué hablo y, de vez en cuando, salgo algo resultón de la prueba. Como poeta no termino de superar esa especie de esquizofrenia entre mi enfoque sociológico y mi mirada poética. A menudo no soy capaz de diferenciar una y otra actividad. Entiendo la poesía como un método de conocimiento, de uno mismo, porque tengo tendencia a la introspección, pero, sobre todo, de la realidad y de las personas que me rodean. La diferencia con las ciencias sociales o del espíritu es que la poesía cuenta con unas férreas normas que atañen a la musicalidad que ejercen una poderosísima fuerza expresiva que la convierte en una de las formas de conocimiento más efectivas. Entendemos mejor el amor tras un poema que tras los
tratados de Eva Illóuz, que es una excelente y lúcida socióloga.


Tú eres pura inspiración, pero ¿quiénes te inspiran a ti?

Mis referentes iniciales fueron, sin duda, Bécquer, Lorca y Neruda, que me regaló un gran amigo. Luego descubrí a Felipe Benítez Reyes, al que emulé muchísimo. Espero que, con el tiempo, haya sabido perdonarme. Tuve la habilidad de contagiarme de estos modelos transformando lo que de bueno tenían en un vicio al que fui añadiendo, un poco de manera desordenada las lecturas recomendadas por Eugenio, mi profesor de literatura en 2º de BUP, los libros que iba rescatando de la librería de mi tío Jesús y una antología de Mil Mejores Poesías en Lengua Castellana. Gracias también a la revista Fin de Siglo, me acerqué a Cernuda, a Pedro Salinas, a Gil de Biedma, a Luis García Montero -con el que tuve la inmensa suerte de que me impartiera clases en Granada- y algunos de los novísimos (todavía me acuerdo del sarampión de las citas al inicio de los poemas). Kavafis, Borges y Pessoa fueron un revulsivo total para mi manera de leer y escribir. Que me interese un poeta, por supuesto, no significa que quisiera tener su estilo. Una cosa es envidiar y
otra identificarse.

Después dejé la actividad poética para el ámbito más íntimo durante unos años hasta que pusimos en marcha el proyecto Voladas. Sin dejar de leer, quizás estuve unos años más cerca de algunos geniales letristas de rock. Gracias a poetas como Juan Peña, José Manuel Benítez Ariza, José Luis
Morante o Rosario Troncoso desperté de mi sueño dogmático. Evidentemente ninguno de ellos es responsable de los desmanes que con los acentos, las  metáforas o la sintaxis pueda yo cometer.

Claves para entender Las Gramáticas del Tiempo: ¿Qué hallará el lector en tu poesía?

Las Gramáticas del Tiempo pretenden aunar esas dos facetas que me componen, la labor poética y la mentalidad del historiador. El paso del tiempo es uno de los temas esenciales en la poesía de todos lostiempos y me ha servido para hacer recapitulación ahora que he sobrepasado la mitad de mi vida. Por un lado me obsesiona la posibilidad de haber causado el mal y no poder repararlo, por otro lado, la imposibilidad de tener bajo control el daño que puedan recibir aquellos a quienes quiero. El paso del tiempo en una relación tiene algo de maravilloso más allá de los tópicos literarios sobre la pasión y el desenfreno. Un segundo núcleo gira alrededor de la construcción de la memoria personal, que posee unos componentes temporales y también espaciales, de ahí que la segunda parte del poemario tenga el nombre de Mapas y leyendas, que es una manera muy hermosa de definir las asignaturas que imparto en el Instituto, la Geografía y la Historia. La idea de que reconstruimos nuestros recuerdos y nuestra identidad desde el presente está detrás de muchos los poemas. Sólo me impuse una pequeña exigencia, no incluir poemas sobre la propia poesía. Únicamente quedó el poema inicial.

En plenos días de desaliento, en una época en la que cualquier ripio es poesía, los poetas verdaderos, el oficio auténtico puede peligrar. La devaluación de un género de siempre denostado. Por eso pregunto: ¿para qué sirve la poesía?

Depende, evidentemente, de a quién se le haga la pregunta. Por ejemplo, hay muchísimas editoriales que están viendo un negocio en la publicación de pequeños libros con renglones cortos. Algunos de ellos son incluso de poesía. Así que no digamos como aquel que la poesía no sirve para nada. Incluso en este mundo mercantil puede encontrar su hueco. La poesía quiere servir para varios fines.
Uno de ellos es el del conocimiento, pero también está la necesidad de comunicación que muestran los versos. Un camino de un yo a otro yo, que es el que da sentido a este oficio. No debemos olvidar, procuro no olvidarlo, que elpoema expresa una subjetividad, aunque nunca sea necesariamente fiel a los hechos, pero sí a la verdad que hay tras la ficción del hecho poético. Un poema es una manera de mostrarnos a los demás. Por eso los adolescentes ingenuos -no tan adolescentes y no tan ingenuos- pretenden hacer de la poesía una carta de presentación para mostrar al mundo, a una parte muy concreta del mundo, que son seres sensibles más allá de la máscara social con la que viajan en lo cotidiano.

Los poetas, los verdaderos poetas, nos sirven, al menos a mí me sirven, para encontrar las palabras que expresan lo que yo estoy sintiendo. Y me sirven para que pueda entender otras muchas emociones que no las he vivido en mi piel, pero ante las que mi piel reacciona. No sólo aprendes a vivir mejor tu vida, aprendes a vivir otras muchas vidas. 

Por último, pero no menos importante, la poesía, como otras formas de arte, como la naturaleza o el rostro humano, transmite Belleza, con mayúsculas. Algo que conmueve por el solo hecho de ser así, que emociona hasta el punto de que llega a doler. Para mí, la belleza en la vida es alimento.

Lo que te mueve ahora y a largo plazo.

Ahora mismo mis proyectos más inmediatos son continuar con mi blog de columnas semanales y reseñas literarias con fidelidad espartana. También estoy terminando un libro de poemas, que lleva el  título provisional de Somos grieta. Pacientemente completo un libro de aforismos. La faceta académica de sociólogo está un poco apartada, con varios proyectos a medio camino, como la revisión para hacer publicable la tesis doctoral.

Mi ilusión sería poder seguir escribiendo y que cada vez me de menos vergüenza releer lo que escribo. Publicar de vez en cuando. Ya estoy muy mayor para pretender introducirme en todos los saraos del mundillo literario. Y como deseo secreto, tener una editorial artesanal de poesía o pequeños ensayos.


Para saber más sobre Javier Gallego: 

BLOG DEL AUTOR: PROFUNDAMENTE SUPERFICIAL

En IMAGINARIOS Y REPRESENTACIONES

Sobre Las Gramáticas del Tiempo, por Marina Casado


De Las Gramáticas del Tiempo:

Quisimos controlarlo todo

No siempre estaremos aquí,

y seguirán estallando de color las flores,

y a lo largo del camino amapolas

teñirán de Renoir las cunetas.

Abandonarán el cuidado los enfermos

y conductores ebrios llegarán a salvo,

cruzarán niños solos los semáforos

sin que una brizna de hierba los roce.

Quisimos controlarlo todo,

evitarles rasguños, llantos, lesiones,

y llegaron lluvias, tempestades, zarpazos.

Asistimos tras un cristal antibalas

a la selva de susurros y venganzas.

Nada pudimos hacer, nada podremos

más que esperar sentados

a que el teléfono

nos tranquilice con su sobresalto.

Confiemos ciegos en la bondad del mundo,

del que ni tú ni yo fuimos cómplices,

porque vigilar a todas horas

no hizo sanar ninguna herida.

Cuando ya no estemos, porque ya no estamos,

seguirán girando a la deriva,

el azar, lo necesario,

los fuegos artificiales y los sapos.

La lista de pendientes nunca acaba,

aprender a nadar, a gatear y deslizarse,

a atarse los zapatos, a dormir a pierna suelta,

a cuidar del aire que respiran,

mantener el orden de calcetines y de libros,

usar ibuprofeno y fallar canastas,

aprender a sudar y a suspirar cuando alguien mira.

Tendremos, eso sí, que hilvanar sus historias,

los juegos y los regresos, los testigos y las sombras.

Atesoraremos para ellos las fotografías

para que cobren sentido en sus memorias.

Guardaremos en cajas fuertes sus agonías,

pesadillas de andar por casa y sus pequeñas sorpresas,

aquellas que puedan ruborizarlos con el tiempo.

No necesitamos mapas con pistas porque

nosotros mismos enterramos sus secretos.

Aprenderán, como aprendimos,

a maldecir con voz en grito, a insultar entre dientes,

y seguirán las amapolas

brotando entre las zarzas.